¿Voto blanco? Sí, pero no.

Publicado en por Tlacuilo

Sí estoy harto de ir a la casilla y votar para que alguien, en cuanto queda formalmente instalado como legislador, recorra durante varios años un camino de privilegios económicos,  jornadas laborales que suelen ser de martes a jueves –pero sólo durante la tercera parte del año, para no agotarse-, viajes extenuantes e improductivos de turismo legislativo, y uso del correspondiente charolazo a la menor provocación para obtener ventajas sobre el ciudadano común, así como el desconocimiento y/o abandono de las funciones legislativas para las que fue electo, además de una suscripción total, no a la creación de leyes para servir a quienes lo eligieron, sino a  la línea que sus directivos partidistas determinen, no siempre a favor del bienestar ciudadano. Sobre todo, estoy harto de que sus oficinas de vinculación ciudadana –o como se llamen-, mantenidas en cada distrito electoral, para variar, también con recursos públicos, no siempre sirvan para beber de la ciudadanía los temas y enfoques sobre los que deberían legislar, sino como sedes de una especie de coyotes de lujo –aunque no tanto por la finura de sus servicios, sino por lo caros que terminan costando a la comunidad-, usando sus privilegios de picaporte ante las más variadas ventanillas. Sí; me extraña que, siendo electo un alcalde para mi municipio, el supremo mando municipal de éste, quede a merced de personas sobre quienes nunca tuve elemental información antes de votarlas en paquete para su llegada al ayuntamiento. En este sentido, me reconfortaría la posibilidad de votar, en la misma boleta, por quienes pretendo que sean mis síndicos y regidores. Y me extraña que, existiendo instituciones e instrumentos de planeación y operación de las justas y requeridas políticas públicas municipales, esos temas continúen siendo un asunto de consultas ciudadanas y promesas de campaña electoral, a las que el ciudadano común parece responder, a estas alturas, con un sí, cómo no; toma tu voto, traducido en el potencial voto blanco.

Rendición de cuentas parece ser la expresión, clave pero ausente, en este pasmo al que nos somete el bombardeo mediático sobre el “voto blanco”, chamuco con el que se nos proponen espantar a los partidos políticos y sus candidatos a diputados, alcaldes y, por supuesto, síndicos y regidores. Rendición de cuentas que –en su ausencia- hoy parece dar por descontada la ciudadanía, con saldos profundamente rojos para ella, sumida en un peligroso desencanto durante esta  temporada electoral.

Una conclusión, hasta donde me alcanza el razonamiento –en este agitado mar de opiniones sobre el votar o no- es que, técnicamente, de nada me servirá como ciudadano el voto blanco, como látigo con el que mi desprecio supondría castigar a los partidos políticos y sus candidatos. Éstos, a fin de cuentas, terminarán tomando posesión de sus cargos como funcionarios electos por el mayor porcentaje de votos –salvo aquéllos bendecidos por el dedo de la designación plurinominal-, y quienes nulifiquen su voto terminarán, simple y sencillamente, engrosando un número estadístico denominado votos nulos. Por lo tanto, claro que haré uso de mi voto, colocándolo a favor de uno u otro candidato.

Conclusión otra: que la rendición de cuentas de legisladores y ayuntamientos -¿y por qué no pensarla también para los que vienen después, y hasta para quienes ya se fueron?- sólo empezará a ser real y efectiva si la exigencia ciudadana es clara, consistente y permanente. Pero eso es asunto de mucho más que una temporada electoral. Es posible que, más bien, debamos empezar a entenderlo como una cuestión de vigilancia ciudadana organizada –no partidista-, para comprobar sobre la marcha que nuestras decisiones de voto no fueron erróneas o, en caso contrario, exigir de inmediato los virajes necesarios. Y, por supuesto, para tocar en el hombro de nuestros legisladores, advirtiéndoles que la sociedad, además de vigilarlos en el cumplimiento del trabajo para el que los vamos a elegir, está lista para proponer y exigir agendas legislativas en las que -oh, paradoja- precisamente ellos tendrán la facultad de abrir estos urgentes espacios, conductos e instrumentos legislativos.

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Etiquetado en sociedad

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